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Jueves, 22 de Agosto de 2019

'Aluvión' de fundaciones bancarias; la bancarización de las cajas no despeja las incógnitas ni atiende a los consumidores

La Caixa, Ibercaja y las antiguas cajas vascas y navarras han completado o están a punto de completar sus procesos de conversión en fundaciones bancarias, al albur de la Ley de Cajas de 2013 aprobada para transitarlas hacia un modelo bancarizado. De momento, esas fundaciones aún controlan la mayor parte de los bancos, sin atender a los usuarios

19-06-2014

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Y por ello, a pesar de la imagen de normalidad y moderación que tratan de trasladar estas entidades financieras hacia la opinión pública, se están observando conflictos e incógnitas que estos procesos no sólo no están despejando, sino que todavía generan más. El proceso más publicitado, y con más atención mediática, es el de La Caixa, que ha culminado su transformación en la Fundación Bancaria Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona.

Es el que más repercusión está obteniendo, pero quizá precisamente por ello es el que más control informativo padece y, por lo tanto, el menos transparente. De lo que se deduce de los propios comunicados de la entidad, la fundación bancaria La Caixa nace con una dotación fundacional de 5.868 millones de euros, lo que equivale al 0,6% del PIB español actual, y gestionará un presupuesto de la Obra Social de 500 millones de euros.

A partir de ahí, lío. El proceso implica el "traspaso a favor de Criteria CaixaHolding de la participación de La Caixa en CaixaBank, de modo que la Fundación Bancaria pasará a ostentar su participación en CaixaBank a través de Criteria, y de los instrumentos de deuda de los que es emisor La Caixa". Pero no hay más detalles; no se sabe en realidad qué porcentaje del total de CaixaBank mantendrá la Fundación; sólo se avanza que Criteria, 'holding' que incluye los principales accionistas del banco catalán como paraguas para su actividad financiera, tiene el 60% del total del banco.

Un ejercicio de opacidad que únicamente demuestra que el proceso de bancarización de La Caixa, como el del resto de entidades, se ha hecho absolutamente a espaldas de los intereses de los consumidores, corriendo un velo que impide depurar responsabilidades por la crisis financiera. CaixaBank ha absorbido multitud de pequeñas cajas regionales (Cajasol, Caja de Guadalajara, Caja Navarra, CajaCanarias y Caja de Burgos) y se ha quedado por un precio irrisorio Banco de Valencia, todas ellas entidades afectadas por una gestión irresponsable causante de la crisis, o inmersas en escándalos de corrupción, o ambas cosas a la vez. Ahora todas son La Caixa, entidad 'solvente'; ya no hay nada que debatir.

Ibercaja, la 'disección' del modelo

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Quizá para entender de una manera un poco más práctica en qué se están basando estos procesos de bancarización de las cajas de ahorros, y qué otros problemas llevan en su filosofía, será buena idea echarle un vistazo al modelo Ibercaja. No es que sea más transparente per se, simplemente es que tuvo repercusión porque se filtraron los contactos que está llevando a cabo la antigua caja con sede en Zaragoza para conseguir inversores que entren en la estructura accionarial del nuevo banco resultante de la fusión Ibercaja-Caja 3.

Ibercaja ha aprobado su transformación en una fundación bancaria con unos activos de 2.700 millones de euros. La Fundación Bancaria Ibercaja ostenta el 87,7 por ciento de la propiedad de Ibercaja Banco, que cuenta con unos activos totales de 63.000 millones de euros. El resto será propiedad de las fundaciones de Caja Inmaculada (CAI), un 4,85 por ciento, Caja de Badajoz, un 3,90 por ciento, y Caja Círculo de Burgos, un 3,45 por ciento, las tres entidades que integraban Caja3.

Como Ibercaja no tiene un Criteria, un paraguas que sirva para vestir la entrada de nuevos inversores como sí ha hecho CaixaBank, se ha visto obligada a reconocer que en efecto está hablando con inversores para empezar a diversificar una estructura accionarial que, de hacer caso a lo dictado por la Ley de Cajas de diciembre de 2013, está demasiado controlada por las antiguas cajas. Nada se sabe en claro de este proceso; ni qué perfil de inversores buscan, ni, sobre todo, con qué intenciones entrarían esos inversores, absolutamente alejados del teórico centro de decisión territorial y social tradicional en las cajas de ahorro; en muchos casos, fondos buitre sobre los cadáveres de las cajas.

De hecho, lo que se deduce de este proceso es que hay demasiada prisa, no se está midiendo de una manera razonable la repercusión que puede tener la entrada en la estructura accionarial de los nuevos bancos de instituciones de inversión cuyos intereses, cuyas prioridades, están muy alejadas de las sedes tradicionales de las antiguas cajas y de las sociedades que las conforman. El proceso de bancarización de las cajas implica que las fundaciones no pueden ostentar más que el 30% de la propiedad del nuevo banco, bajo pena de un severísimo control gubernamental a través de detalladísimos planes anuales económicos y de viabilidad.

Un requisito que no se exigirá a los nuevos accionistas, sean quienes sean, provengan de donde provengan; cierto es que algunas de las antiguas cajas tuvieron un gobierno corporativo absolutamente enloquecido, motivo de querellas como las que ADICAE tiene en marcha. Pero la solución no está en poner bajo sospecha a las fundaciones que acrediten solvencia a cambio de tender puentes de plata a capitales de origen en muchos casos desconocido, y que pueden simplemente buscar rendimiento inmediato a costa de lo que sea para arreglar sus propios desequilibrios.

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El ruidoso proceso vasco

Esto lo vienen sospechando las sociedades del País Vasco y de Navarra, con una mayor tradición de control social e institucional de sus cajas de ahorro y que ahora están viviendo encarnizados debates en pleno proceso de bancarización. La Kutxa de Vizcaya está culminando su proceso de conversión en fundación bancaria, y sus máximos responsables ya se han apresurado a aclarar que "nada de lo fundamental va a cambiar". "La caja no se van a privatizar" pese a convertirse en una fundación, que "va a ser de los vizcaínos".

Una vez aprobada la transformación y formalizada la inscripción en el registro de la nueva fundación bancaria, habrá un plazo de tres meses para la presentación del Plan Financiero. Se sabe que la entidad bilbaína cuenta con una participación del 57% en Kutxabank, pero sus responsables eluden pronunciarse sobre si van a "desinvertir" para dar entrada a nuevo capital. Lo único: que "los responsables del Patronato van a defender el "modelo BBK", con una Obra Social "sostenible y sostenida en el tiempo", y que "el control del banco esté aquí".

La obra social como pantalla mediática

Así las cosas, entre incógnitas, desmentidos, informaciones sesgadas y oscurantismo, el proceso de conversión de los bancos en cajas de ahorro da sus primeros pasos. Y lo hace con una pantalla mediática bien sencilla; para evitar preguntas, publicitar la obra social. Así lo hace la fundación La Caixa, que asegura 500 millones de euros para obra social a lo largo de este año, y así lo hacen también Ibercaja y las cajas vascas, que aseguran entre 10 y 20 millones de euros anuales. 

Calderilla y limosnas, que sirven, además, para desenfocar el debate fundamental: las cajas de ahorros han desaparecido en España, víctimas de gobiernos corporativos absolutamente irracionales, de malas prácticas bancarias que, entre otras cosas, han volatilizado el ahorro de cientos de miles de ciudadanos y han sometido al sobreendeudamiento a millones de familias. Y se están transformando en bancos, enterrando su filosofía social y territorial, bajo el control de esos mismos gobiernos corporativos que nos han traido hasta aquí. Conclusión, un porcentaje mínimo de las reclamaciones de los usuarios son atendidas por la banca, en connivencia con los reguladores y supervisores.

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