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Martes, 24 de Octubre de 2017

Ponga sus ahorros a trabajar, pero con precauciones

Los tipos de interés negativos, los complejos productos bancarios y la inestabilidad de los mercados dificultan que el ahorrador rentabilice su ahorro. Por ello, hay que prestar especial atención a los productos que las entidades financieras ofrecen.

22-03-2016

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Casi la mitad que cuando comenzó la crisis. En 2008, metíamos en la hucha el 23,7% de nuestra renta; este porcentaje se redujo el año pasado al 12,8%. El desempleo y el retroceso de los salarios han hecho estragos. Cada vez es más difícil ahorrar (ni siquiera la mitad de las familias lo consiguen); pero más complejo aún es sacarle partido a ese dinero. Tipos de interés negativos, creciente riesgo en los mercados y productos bancarios complejos son los tres factores que, en 2016, dificultan rentabilizar nuestros ahorros. Sea más prudente que nunca y, sobre todo, analice con lupa cualquier producto que le ofrezca el banco, por seguro y rentable que parezca a primera vista.

Contexto de tipos einflación bajos 

Los tipos de interés oficiales están en niveles negativos, igual que la renta fija de muchos países. Esto significa que hay que pagar para que te guarden tu dinero. Las autoridades económicas y monetarias pretenden así que las entidades financieras no dejen sus fondos en deuda pública a corto o en depósitos en los bancos centrales.

¿Qué implica esto para el modesto ahorrador que deja su dinero en el banco? Pues que ese mismo banco que no está dispuesto a asumir riesgos, que prefiere colocar el dinero a tipos negativos, por debajo del cero por ciento, tampoco ofrece rentabilidad alguna al ahorrador. Hoy día, es muy difícil encontrar depósitos a plazo con rentabilidades positivas, aunque sean un modesto uno o dos por ciento anual. Es cierto que tampoco hay inflación, que los precios están planos o apenas suben.

Lo cual es una ventaja para el consumidor, porque su dinero, aunque no rente nada, tampoco pierde valor adquisitivo por la subida de los precios. Pero después del esfuerzo que supone ahorrar, dejar de gastar aunque sólo sea ese 12,8% de nuestra renta disponible, a todos nos gustaría que nos dieran algo por nuestro dinero.

Un modelo económico que castiga el ahorro

Estas oscilaciones dan una idea de un modelo económico basado en el endeudamiento y el consumismo que somete a las familias y a su previsión y capacidad de ahorro a fuertes vaivenes. Ello precisamente en un contexto donde la incertidumbre por las pensiones públicas y las previsiones de gasto ante el adelgazamiento del estado de bienestar en materias como educación y sanidad son cada vez mayores. Las encuestas del propio Instituto Nacional de Estadística reflejan que menos de la mitad de la población española tiene alguna capacidad de ahorro. Y de ese porcentaje no mayoritario que puede ahorrar algo, la gran mayoría aparta unos pocos euros al mes, que suponen una pequeña cantidad de dinero anual que la banca aguarda con aviesas intenciones.

Abusos al ahorro

Esa pequeña parte que las familias apartan para ahorrar y afrontar situaciones futuras, se encuentra amenazada por las prácticas de los bancos. Son millones los ahorradores que han padecido los abusos de las entidades financieras, máxime cuando su perfil es mayoritariamente conservador. Sin remontarnos más allá, desde 2006, un año antes de que estallara la crisis, una sucesión de fraudes colectivos han puesto en la picota las rentas que con mucho esfuerzo logran ahorrar las familias. Desde el masivo escándalo de Forum-Afinsa a las “participaciones preferentes”, pasando por la colocación indiscriminada de bonos Lehman o de RBS, el mercado financiero español para el ahorrador es un coto de caza donde las entidades hacen y deshacen sin control. Seguramente sin la venta masiva de productos tóxicos financieros como preferentes, deuda subordinada, cédulas hipotecarias, a casi dos millones de familias, y sin el yugo hipotecario que representan las cláusulas suelo para unos cuatro millones de familias o los desmesurados tipos de interés de los préstamos, la tasa de ahorro en España sería mucho mayor. 

Mayor protección al ahorro sigue siendo la asignatura pendiente

Estas prácticas demuestran la complejización creciente de los productos de ahorros al calor de la globalización financiera. Pero también el fracaso de la llamada normativa MiFID, de 2007 y el nulo control del Banco de España y la CNMV. Las reformas normativas posteriores tras el escándalo de las “preferentes” se limitaron a exigir de los consumidores su firma cuando les vendieran productos complejos. Una medida absurda e insuficiente que no evitará riesgos.

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