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Lunes, 21 de Octubre de 2019

Draghi, ni fu, ni fa, para los consumidores

El Banco Central Europeo (BCE) da la bienvenida a un nuevo presidente, el italiano Mario Draghi, que sustituye a Jean Claude Trichet a partir del próximo 1 de noviembre, pero el relevo no anticipa un cambio en la política del organismo, más bien al contrario.

17-10-2011

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El BCE de Trichet se ha caracterizado por controlar el dinero del que disponen o pueden disponer (créditos incluidos) los particulares, las empresas e incluso los Gobiernos a base de subir los tipos de interés. O sea, lo que en la jerga económica se conoce como una política monetarista ortodoxa. Es cierto que en los momentos en que más ha arreciado la crisis, el BCE se ha plegado a la voluntad de los Gobiernos de más peso de Europa y ha relajado esa política de estricto control monetario para no ahogar el crecimiento económico que se basa en la fluidez del crédito y el consumo.

Draghi, más de lo mismo
Los antecedentes del nuevo gobernador, el italiano Mario Draghi, hacen presagiar que su política seguirá esa dirección. Draghi ha sido, entre otras cosas, vicepresidente para Europa del banco de inversión Goldman Sachs, uno de los principales adalides de la globalización de los mercados que ha devenido en la actual situación de crisis.

Todos los pronósticos indican que Draghi, que también ha sido gobernador del Banco de Italia, seguirá primando el control de los precios frente al crecimiento económico, al consumo y a los consumidores. Para eso usará una política de tipos de interés ‘altos’ que enfríen el consumo y hagan más difícil el crédito y, por tanto, dejen menos dinero en manos de los consumidores.

Esa política conlleva, entre otras cosas, que los consumidores deberán hacer pagos más elevados por sus hipotecas que, por ejemplo, los consumidores de otras áreas, como es el caso de Estados Unidos, en donde el presidente de la reserva Federal, (cargo homólogo del gobernador del BCE), Ben Bernanke, tiene el interés del dinero en el 0,25%, o el Banco de Inglaterra que lo tiene en el 0,50%, frente al 1,50% del BCE.

Pero, está claro que ninguna de las dos políticas de control de los tipos de interés, ni la que fomenta el control, ni la que apenas da valor al dinero, están teniendo éxito ya que ni Estados Unidos, ni Reino Unido están teniendo un fuerte crecimiento económico, sino más bien, atraviesan, como la zona Euro, una crisis económica profunda y larga.

Un nuevo modelo de desarrollo económico es posible

Ante la falta de funcionamiento de ambas estrategias que se basan en actuar sobre la masa monetaria y sus efectos sobre el consumo y los consumidores, se plantea un interrogante fundamental: ¿Existe otra fórmula para generar bienestar en la población que no se base en el hiperconsumo y el despilfarro de las sociedades desarrolladas? Algunas teorías económicas actuales preconizan que el consumo tiene que seguir siendo la base del crecimiento, pero debe ser un consumo racional teniendo en cuenta la escasez de los recursos disponibles, la sostenibilidad en el tiempo de la actividad productiva y el respeto al medio ambiente, entre otras cuestiones.

Está claro es que el nuevo dueño del sillón presidencial del BCE en Francfort, lamentablemente, no tiene en su cabeza cambiar el modelo. Draghi  ya ha manifestado en diversas ocasiones su disposición a mantener una política monetaria inflexible que conjugue el control del precio del dinero sin que ello ahogue el crecimiento económico.

Si Draghi hace honor a sus declaraciones y no se ve forzado a tomar decisiones en su contra, como ya hizo su predecesor, Jean Claude Trichet, no rebajará un ápice el control de los tipos de interés para incentivar el crecimiento, el consumo y, por tanto, los consumidores europeos seguirán bajo la bota de los tipos de interés relativamente elevados.

El BCE, rehén de Alemania y Francia

La llegada del nuevo Gobernador cuenta con el beneplácito de Alemania y Francia que han optado por elegir a una persona que se ha desvelado como un ortodoxo monetarista, o dicho de otra forma, un economista que antepone el control de los precios al crecimiento económico usando la cantidad y el precio del dinero. Así que, con Draghi, las dos principales potencias económicas de la zona euro han aplicado la antigua política del Gatopardo: “Cambiarlo todo para que nada cambie”.

Ese parece ser uno de los principales argumentos a favor del nuevo gobernador, junto con su paso por el banco de inversión Goldman Sachs, que ha tenido un destacado papel en la crisis económica y de confianza que vivimos. Siguiendo una vieja estrategia no escrita, los todopoderosos gobiernos de las dos principales potencias europeas han aplicado la práctica de buscar un nuevo gobernador del BCE entre los que tienen o han tenido experiencia al frente de bancos y mercados financieros, lo que propicia la ‘alta sensibilidad’ del BCE a planteamientos mercantilistas frente a los de cualquier otro tipo.

Los periodistas que han seguido las comparecencias del ya exgobernador del BCE, Jean Claude Trichet, dicen que Mario Draghi es más directo, pero, hasta ahora, no ha empleado un tono franco y claro siguiendo la estela de su predecesor. Por eso, auguran una etapa continuista de control del dinero, con intervenciones a regañadientes en apoyo de los gobiernos y los bancos europeos.

Tanto control de la inflación tiene su origen en los propios Estatutos del BCE que fijan un “objetivo primordial” que “será el mantener la estabilidad de los precios”.

Pero el BCE también está concernido por las líneas políticas de los tratados europeos. Así, el Tratado Fundacional de la Unión Europea dice que cualquier organismo europeo “apoyará las políticas económicas generales de la Comunidad” y lo hará como una extensión del “apoyo a la política general de la Unión Europea”. Finalmente, en el Tratado de la Unión Europea, en su artículo segundo se establece que la UE y sus organismos aplicarán políticas “tendentes al pleno empleo y al progreso social”.

Por tanto, el BCE cuenta con suficientes mandatos directos e implícitos para que aplique políticas contra la inflación, como políticas que promuevan el crecimiento. El aplicar unas u otras, será decisión del nuevo gobernador, aunque, tal y como está la situación económica, no podrá tomar sus decisiones atendiendo exclusivamente a los mercados.

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