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Lunes, 22 de Abril de 2019

Otra Europa es posible para los consumidores

La “crisis de la deuda soberana”, es decir las deudas públicas de los distintos países europeos, ha dejado al descubierto las fallas del Euro y la construcción europea. Europa ni logra credibilidad ni es capaz de someter al pernicioso lobby financiero.

 

10-02-2012

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El Pacto de Estabilidad y Crecimiento ha sido la única herramienta de la que se ha servido Europa para integrarse bajo una única moneda. Su objetivo pretendía evitar que las políticas fiscales, de carácter nacional, entrasen en contradicción con  los objetivos fijados en el Pacto. Unos balances nacionales saneados, se creía, eran sinónimo de “estabilidad y crecimiento” para los países del Euro. Este Pacto exigía a los estados de la Eurozona un déficit público inferior al 3% del PIB y no rebasar el límite del 60% del PIB de endeudamiento público. Con estas cifras se ha querido gobernar 17 economías distintas. Muchos países lo han incumplido (no sólo Grecia, sino Alemania y Francia) lo que da una idea de la débil  gobernanza sobre la que se sustentaba el Euro.  

Economías divergentes y sin cohesión 

Pero el incumplimiento del Pacto no ha sido la causa de la crisis, sino la consecuencia  de una UE sin ningún tipo de institución o mecanismo serio que compensara las divergencias económicas entre los países miembros. Durante una década los países de la zona euro se han beneficiado de unos mismos tipos de interés a pesar de tener ciclos económicos y condiciones estructurales distintas, lo que ha llevado a unos a perder competitividad,  hacerse dependientes del ahorro externo e incurrir en un déficit exterior y endeudamiento público y privado. A su vez, los Estados miembros de la zona Euro  iban perdiendo paulatinamente capacidad de maniobra en política económica sin que las instituciones de la UE asumiera competencias que llenasen esa pérdida, al objeto de corregir los desequilibrios. Los acuerdos aprobados en Bruselas por el Consejo Europeo persisten en esta política sin corregir fallos ni proponer alternativas eficaces.

 Hay alternativas económicas 

Estos acuerdos han ignorado completamente el hecho de que es en el momento en que los estados tienen que hacer frente a los fallos del sector financiero cuando los ratios de la deuda pública y el déficit se disparan, incumpliendo el Pacto de  Estabilidad y Crecimiento. Por tanto, era necesaria una reforma institucional que más allá de ahondar en los recortes, como finalmente se aprobó, sirviera para corregir  las divergencias económicas entre de países con una moneda común. 

 La clave: un tesoro público europeo y un banco central prestamista 

Para alcanzar la cohesión entre los países de la zona Euro, y lograr el ansiado crecimiento, se planteó la necesidad de una mayor integración de las políticas económicas y fiscales de los diferentes estados. La  estrechez de la política presupuestaria restrictiva debía ser complementada para evitar situaciones injustas y desequilibrios, aunque supusiera ceder soberanía.  Se proponía para ello la emisión de Eurobonos a cargo de un Tesoro Público Central Europeo así como convertir al Banco Central Europeo en un verdadero banco central... medidas que fueron obviadas pero cuya reivindicación sigue siendo exigible y válida para una verdadera integración económica. 

 Deuda pública común para acabar con la especulación 

Con los Eurobonos los países de la Zona Euro emitirían conjuntamente una misma deuda pública para financiarse. Ello permitiría captar recursos a un coste asumible para países como Italia y España (que han pagado hasta un 7% y un 6% respectivamente). Aunque para otros países supondría pagar más, yaque sus colocaciones de deuda son a un interés bajo. Sin embargo, hay que recordar que en las últimas subasta Alemania lo tuvo muy difícil para colocar su deuda pública a tipos de interés mínimamente atractivos. Los Eurobonos contribuirían a frenar la especulación que atenaza a Europa e impide su crecimiento. A largo plazo contribuiría a acercar las economías de la Eurozona.

 El BCE no quiere financiar la recuperación de los estados 

La propuesta de convertir al Banco Central Europeo (BCE) en prestamista lo equipararía a la Reserva Federal de EEUU y al Banco de Inglaterra, que en este último caso ha comprado deuda pública inglesa por valor de casi un 20% del PIB del Reino Unido. Con ello se evitaría el juego especulativo de los mercados financieros con la deuda pública de determinados países de la Zona Euro, y se lograría liquidez para reactivar la economía. El BCE sólo se preocupa por aplicar a rajatabla los criterios del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, con decisiones irracionales como la de subir tipos en plena crisis provocada por la caída de Lehman Brothers. Con su actuación está contribuyendo al negocio de la banca europea.

 El Banco Central Europeo al servicio del lobby bancario 

Las entidades de crédito europeas pueden pedir prestado dinero al BCE, a un interés del 1%. Los Estados tienen que pedir prestado, financiación a la banca, emitiendo deuda pública, pagando unos intereses como hemos visto exagerados. Esta política no sólo deja expuestos a los estados y sus ciudadanos a la amenaza especulativa, sino que da aire a los bancos. Consiguen dinero barato del BCE que les sirve para comprar deuda pública a una alta rentabilidad. Se favorece a la banca como si la banca pudiera estimular el crecimiento y el empleo. Esto no hace más que continuar con las políticas que se han aplicado desde 2008, y que no han hecho más que hundir a la economía a base de recortes. Mientras, el sector financiero está siendo el gran favorecido. 

 

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